Tras la mejora anunciada por Fitch Ratings a principios de mayo, la agencia internacional Standard & Poor’s (S&P) volvió a revisar al alza la calificación de la deuda en moneda extranjera de largo plazo de la Argentina, que pasó de CCC+ a B-. La decisión se vincula con los avances del programa de ajuste fiscal y con el incremento de las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La noticia fue celebrada por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien destacó en su cuenta de X: “Nueva mejora. Calificaciones a largo plazo de Argentina elevadas a ‘B-’ por S&P”. En su informe, la calificadora señaló que la perspectiva estable responde a la expectativa de continuidad del orden fiscal y a una mayor acumulación de reservas internacionales, factores que (según indicó) contribuirían a sostener la actividad económica y a reducir la inflación. S&P también remarcó que la mejora refleja una menor vulnerabilidad externa y una recuperación gradual de la liquidez, lo que “sienta las bases para la continuidad del crecimiento”. En ese sentido, explicó que el Gobierno ha recurrido a distintas fuentes de financiamiento, como emisiones de bonos en dólares en el mercado local, acuerdos con organismos oficiales y operaciones de repo con bancos internacionales para afrontar compromisos externos. A esto se suma el impacto de los superávits fiscales y la política de acumulación de reservas del BCRA, que fortalecieron la posición financiera del Estado. Sin embargo, la agencia advirtió que persisten riesgos y tensiones en el horizonte de corto y mediano plazo. Aun así, consideró que la Argentina estaría en condiciones de afrontarlos sin caer en situaciones de default ni en reestructuraciones de deuda consideradas “estresadas”. En el plano institucional, el informe subrayó que la historia de inestabilidad macroeconómica y los cambios frecuentes en las reglas económicas siguen afectando la previsibilidad del país. No obstante, valoró los avances legislativos impulsados por la administración de Javier Milei, aunque aclaró que su éxito dependerá de la estabilidad macroeconómica. De cara a los próximos años, S&P proyectó un crecimiento del 2,7% en 2026 y alrededor del 3% en los períodos siguientes, con un desempeño dispar entre sectores: mientras energía, minería y agro muestran dinamismo, otras actividades continúan rezagadas. En materia de precios y política monetaria, la calificadora sostuvo que el equilibrio fiscal y una política monetaria restrictiva siguen siendo los principales pilares del programa económico. Aun así, anticipó que la inflación podría descender de forma gradual, ubicándose en torno al 32% en 2026 y acercándose al 9% hacia 2029. Entre los factores positivos, el informe destacó el potencial del sector energético no convencional, especialmente como motor de exportaciones y mejora del balance externo. También señaló que una mayor independencia del BCRA podría fortalecer la credibilidad de la política monetaria. Finalmente, S&P concluyó que la mejora en la calificación refleja un balance entre fortalezas recientes (como el orden fiscal y la mejora de la liquidez) y debilidades estructurales persistentes. La agencia advirtió que una mayor previsibilidad económica y un acceso sostenido al financiamiento externo podrían habilitar futuras mejoras en la nota crediticia. La decisión se conoce pocas semanas después de que Fitch Ratings también elevara la calificación de la deuda argentina de CCC+ a B-, en línea con la mejora de los fundamentos fiscales y externos. Fitch había señalado que el país muestra avances en disciplina fiscal, acumulación de reservas y reformas económicas, además de una mejora en la posición energética externa gracias al rol de exportador neto de energía. Según la agencia, las reservas internacionales vienen en aumento sostenido y el esquema fiscal se mantiene como ancla central de la política económica. No obstante, advirtió que la economía sigue siendo vulnerable a shocks externos y a factores políticos, especialmente en períodos electorales.