La inflación de mayo se ubicó en 2,1%, un dato que quedó por debajo de las expectativas del mercado y consolidó una nueva desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Con este resultado, el acumulado de 2026 alcanzó el 14,7%, mientras que la variación interanual se ubicó en 33,2%. La mayoría de los analistas esperaba una suba cercana al 2,3% para el quinto mes del año, aunque algunas consultoras manejaban estimaciones de entre 2,1% y 2,5%. De esta manera, la inflación volvió a desacelerarse por segundo mes consecutivo tras el salto registrado en marzo, aunque todavía no logró perforar el umbral del 2%. Desde el Gobierno sostienen que la tendencia descendente continuará. El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró recientemente que esperaba un dato inferior al de abril y destacó que las expectativas inflacionarias permanecen estables para los próximos meses. Uno de los indicadores que más optimismo generó fue el IPC núcleo, que registró una suba mensual del 1,9%. Se trató de la primera vez desde septiembre que este componente, que excluye precios regulados y estacionales, se ubicó por debajo del 2%, convirtiéndose en una señal relevante para evaluar la dinámica de fondo de los precios. Las primeras proyecciones privadas para junio apuntan a una nueva desaceleración. En LCG consideran que, superado el impacto de los movimientos de precios observados entre febrero y marzo, la inflación regresó a una "zona del 2%", favorecida por la estabilidad cambiaria, la apertura comercial y una actividad económica todavía débil. En ese sentido, algunas consultoras creen que existe una posibilidad concreta de que el IPC mensual vuelva a ubicarse por debajo del 2%, aunque advierten que buena parte del comportamiento futuro dependerá de la evolución del tipo de cambio y del cronograma de ajustes pendientes en tarifas y combustibles. Equilibra también proyecta un dato inferior al 2% para junio, apoyado en una menor presión de los precios internacionales, aumentos más moderados en los servicios regulados y una relativa estabilidad en productos sensibles como la carne. Por su parte, C&T Asesores Económicos detectó una desaceleración en las primeras semanas del mes. Según sus mediciones, los servicios regulados mostraron incrementos más suaves, mientras que el impacto del transporte público fue menor al registrado en mayo. En alimentos y bebidas hubo aumentos, aunque de menor intensidad respecto del cierre del mes anterior. Sin embargo, no todos los análisis son igual de optimistas. Algunas consultoras advierten que todavía persisten factores que podrían dificultar una baja más pronunciada, como los ajustes pendientes en precios regulados y la inercia inflacionaria acumulada durante los últimos meses. De cara al segundo semestre, el principal interrogante sigue siendo la velocidad con la que continuará el proceso de desaceleración. Mientras algunos especialistas creen que la inflación podría consolidarse por debajo del 2% en el corto plazo, otros consideran que la reducción será más gradual y dependerá de la estabilidad macroeconómica y cambiaria.