Las tareas de rescate en la zona fronteriza entre Nepal y China volvieron a ponerse en marcha luego de haber sido suspendidas debido a las intensas lluvias y la niebla que dificultaron el trabajo de los equipos de emergencia. El desastre ya dejó 675 muertos y 2.426 personas desaparecidas, mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes y víctimas. El fenómeno se originó tras el desprendimiento de un glaciar, que provocó una enorme avalancha de hielo, barro y rocas. La masa arrasó con viviendas, caminos y puentes en una región del Himalaya, además de provocar importantes daños en centrales hidroeléctricas y dejar a más de un centenar de personas posiblemente atrapadas dentro de un túnel. Desde Nepal, el guía turístico Ramesh Katiwada explicó que el glaciar se encontraba sobre una montaña de unos 7.200 metros de altura. Consideró que factores como el calentamiento global, la industrialización y la falta de cuidado ambiental pudieron contribuir a la magnitud de la tragedia. Katiwada también relató que los habitantes habían recibido alertas mediante mensajes y llamadas telefónicas antes de la llegada de la crecida. Sin embargo, muchas personas no tomaron las advertencias con suficiente seriedad. “Llegaron mensajes y llamadas, pero la gente salió hacia los puentes pensando que el río no iba a crecer tanto. Algunos incluso comenzaron a sacar fotos y videos”, contó el guía, al explicar una de las situaciones que habría contribuido al elevado número de desaparecidos. La región continúa atravesando la temporada de monzones, por lo que las precipitaciones complican las tareas de rescate. El Gobierno desplegó más de 15.000 efectivos de seguridad y voluntarios para participar de los operativos. La dimensión de los daños también plantea un enorme desafío económico para Nepal. El ministro de Finanzas, Swarnim Wagle, estimó que el país necesitará entre US$4.000 y US$5.000 millones para reconstruir las zonas afectadas, una cifra cercana al 10% de la economía nacional. La avalancha destruyó infraestructura vial, afectó poblaciones enteras y provocó graves daños en centrales hidroeléctricas que concentran más del 12% de la capacidad de generación eléctrica del país. Las autoridades también enfrentan dificultades para identificar algunos de los cuerpos recuperados. Debido al estado en que fueron encontrados y a la imposibilidad de reconocerlos de inmediato, se prevé realizar pruebas de ADN antes de avanzar con los entierros. Mientras continúan las tareas de búsqueda, Nepal comienza a dimensionar el impacto humano y económico de una tragedia que golpeó con especial fuerza a una de las zonas más vulnerables del Himalaya. De acuerdo con especialistas, el desastre no habría sido provocado por un terremoto convencional. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) indicó que la señal sísmica registrada en la frontera con China estuvo relacionada con el impacto de un gigantesco desprendimiento de hielo y rocas sobre el río Lhende Khola. La fuerza del derrumbe generó una vibración equivalente a un sismo de magnitud 5,2, debido a la enorme cantidad de material que se desplazó montaña abajo en cuestión de minutos. El alud tuvo lugar en una región del Himalaya que concentra miles de glaciares y grandes reservas de nieve y hielo fuera de las zonas polares. Estos sistemas resultan fundamentales para el abastecimiento de agua de millones de personas en Asia, pero también representan un riesgo creciente frente al calentamiento global y la inestabilidad de las laderas. Las autoridades y los equipos de emergencia continúan trabajando para determinar el número definitivo de víctimas y desaparecidos, mientras las condiciones climáticas siguen dificultando las tareas.