En la provincia de Buenos Aires no todo marcha "acorde al plan", como suelen repetir los libertarios en redes bajo el lema TMAP. A las recientes derrotas legislativas y la inestabilidad económica se suma ahora un nuevo motivo de alarma: la baja participación proyectada para las próximas elecciones legislativas. En el laboratorio electoral de La Libertad Avanza (LLA), estiman que tanto en los comicios locales como nacionales la apatía ciudadana podría perjudicar seriamente a la alianza con el PRO. La preocupación radica en una debilidad estructural: el escaso músculo territorial frente al peronismo, que conserva una maquinaria electoral poderosa y aceitada. La señal de alerta se encendió tras el cierre de listas. Mientras el grupo libertario lamía las heridas por las exclusiones internas, Karina Milei acudió a Santiago Caputo (por orden directa del Presidente) para delinear una nueva estrategia electoral. Los primeros estudios confirmaron lo que intuían: en Buenos Aires la intención de voto no solo es volátil, sino que el desinterés por la política y la baja motivación para ir a las urnas podrían jugarles una mala pasada. Desde entonces, tanto en público como en privado, dirigentes libertarios comenzaron a advertir sobre la posibilidad de una derrota en el distrito más poblado del país. Saben que podrán apoyarse en la estructura del PRO para mover boletas, hacer campaña territorial, y fiscalizar, pero temen que no alcance. Sebastián Pareja, presidente de LLA en la provincia y mano derecha de Karina Milei, lo dijo sin rodeos: “Podemos perder, es un territorio hostil”, lanzó en LN+. Días después, en los pasillos de la Casa Rosada, otro integrante del círculo íntimo de la secretaria general insistió en el mismo tono: “En la Provincia no hay que confiarse, puede estar complicado”, deslizó mientras el equipo técnico se preparaba para grabar la cadena nacional de Javier Milei. En ese mensaje, el Presidente defendió sus vetos con un tono marcadamente proselitista: llamó a “elegir entre la responsabilidad o el realismo mágico, entre hacer lo correcto aunque implique tener paciencia, o tomar el atajo e inevitablemente volver a chocar”. Detrás de esa puesta en escena hay una necesidad urgente: revertir la apatía. “Nuestro desafío principal es lograr que la gente vaya a votar. Hay que generar ganas”, reconocieron desde el búnker de campaña. “La orden es abandonar el exitismo. No sirve decir que vamos a ganar. El foco ahora es promover la participación”, explicó un estratega libertario. “Literalmente, los números van a depender de eso”. Es una elección atípica: por primera vez se desdobla y, sin antecedentes comparables, todas las fuerzas tienen dificultades para hacer predicciones. “Es una elección sin referencias, donde puede pasar cualquier cosa”, admitió un armador libertario. Frente a ese panorama, el oficialismo ya tomó una decisión: nacionalizar la campaña bonaerense apelando a la figura de Milei, con mensajes de alto impacto destinados a captar la atención del electorado. El lanzamiento no dejó dudas. El uso de la frase “Nunca Más” (tradicionalmente asociada a la memoria del terrorismo de Estado) para referirse al kirchnerismo generó rechazo, polémica y, al mismo tiempo, visibilidad. Esa fue la jugada: provocar para imponer el tema. Desde el entorno libertario celebraron el revuelo. Lejos de retractarse, consideraron que habían cumplido su objetivo: instalar la conversación en torno a la imagen del Presidente rodeado de candidatos bonaerenses y una pancarta con el lema de la CONADEP. Para ellos, la controversia fue un éxito comunicacional. Sin embargo, puertas adentro, persisten las dudas. Incluso entre los militantes más fieles a Milei hay quienes desconfían de las candidaturas, todas definidas por Karina Milei. Temen que esa debilidad de base complique aún más la tarea de movilizar votantes. “Vamos a jugar el segundo tiempo con lo mejor que tenemos, pero la mitad del partido ya se jugó. Ahora hay que lograr que la gente salga de su casa y vote a Pablo Morillo”, confesó con resignación un militante, aludiendo al candidato a diputado por la Segunda Sección, exfuncionario peronista y, según registros en video, exmilitante de Axel Kicillof. Ese malestar arrastra ecos del cierre de listas, que desató tensiones internas aún latentes. En la militancia digital se activó el “modo tolerancia” para evitar fisuras públicas. En el entorno de los Menem también optaron por mirar hacia otro lado, incluso frente a episodios polémicos como las críticas al islam por parte de algunos influencers libertarios. Nadie quiere agitar las aguas ni disgustar al “Jefe” en plena campaña.