“Las Islas Malvinas fueron, son y serán por siempre argentinas”. Con esa contundente definición, la cuenta oficial de las Fuerzas Armadas en X volvió a poner en primer plano el histórico reclamo de soberanía argentina sobre el archipiélago, luego de que trascendiera una advertencia de Estados Unidos al Reino Unido vinculada con su nivel de gasto militar. La publicación se conoció después de que el diario británico The Telegraph informara que funcionarios del Pentágono analizan utilizar la cuestión de Malvinas como herramienta de presión sobre Londres para que incremente su inversión en Defensa. Frente a esta situación, desde el Gobierno argentino adoptaron una postura de “cautela y prudencia”. Según trascendió, consideran que la advertencia debe interpretarse dentro de la estrategia de la administración de Donald Trump hacia sus aliados de la OTAN y no necesariamente como un cambio formal en la política exterior de Washington. Estados Unidos mantiene oficialmente una posición de neutralidad respecto de la soberanía de las islas, aunque reconoce la administración británica sobre el territorio. Según la información publicada por The Telegraph, sectores del Pentágono estudian utilizar la disputa por Malvinas para presionar al primer ministro británico, Andy Burnham, a elevar el gasto militar hasta el 5% del Producto Bruto Interno, en línea con los compromisos asumidos dentro de la OTAN. La posibilidad de que Washington modifique su postura generó reacciones en el ámbito político británico. La diputada conservadora Priti Patel cuestionó al Partido Laborista por no comprometerse con un aumento del gasto en Defensa y sostuvo que esa situación dejó al Reino Unido más expuesto y afectó su relación con los aliados. En la misma línea, el también conservador James Cartlidge reclamó mayores recursos para las Fuerzas Armadas y defendió la posición británica sobre el archipiélago. “Las Malvinas son británicas. Punto final”, afirmó. El diputado laborista Adam Jogee también se manifestó en ese sentido y aseguró que “las Malvinas son británicas”. Por su parte, la ministra de la Mujer e Igualdad, Bridget Phillipson, evitó pronunciarse directamente sobre la cuestión de soberanía durante una entrevista y destacó el nivel de inversión que actualmente realiza el Reino Unido en materia de Defensa. La situación tiene como antecedente otro episodio ocurrido en abril. En ese momento, Reuters había informado sobre un correo interno del Pentágono que contemplaba distintas alternativas frente a la posición de algunos países europeos respecto de las operaciones militares en la guerra contra Irán. Entre las opciones mencionadas aparecía la posibilidad de revisar el respaldo diplomático tradicional de Washington a la posición británica sobre las Islas Malvinas. El entonces secretario de Estado, Marco Rubio, buscó minimizar el alcance del documento y lo definió como “un mail con algunas ideas”. Desde Londres, el gobierno de Keir Starmer había respondido que la cuestión de la soberanía británica sobre las islas no estaba en discusión. Más recientemente, el embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, aseguró que la posición de Washington no había cambiado. “Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas. Eso no ha cambiado”, afirmó a mediados de agosto. El debate sobre Malvinas también volvió a quedar vinculado con la llegada de un buque británico al puerto de Ushuaia. El canciller Pablo Quirno rechazó las críticas de sectores de la oposición por el amarre del petrolero VS Promise y explicó que la embarcación fue contratada por un consorcio petrolero autorizado por el Gobierno de Tierra del Fuego para operar en aguas argentinas. Según explicó el funcionario, el buque transporta crudo producido en la Cuenca Marina Austral, en territorio argentino, y había llegado desde Río Cullen, donde se carga el petróleo extraído de los yacimientos fueguinos. Desde el entorno del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, habían cuestionado previamente la autorización para el ingreso de la embarcación y recordaron que una ley provincial prohíbe la permanencia, el amarre y el abastecimiento en sus puertos de buques con bandera británica.